Carlos Arévalo
Siempre conviene tener presentes a los ilustres maestros que nos antecedieron. Y una de las mejores maneras es descubriendo su legado. Tal es el caso del ingenioso y prolífico dramaturgo y poeta don Carlos Arniches (Alicante, 1866-Madrid, 1943) del que precisamente en este año se cumplirán 160 años de su nacimiento. Considerado miembro de la Generación del 98, el comediógrafo español alcanzó con sus creaciones, arrolladores éxitos sobre los escenarios que, aún hoy, siguen conquistando al público cuando se representan.
Al bucear en su ingente producción teatral compuesta por casi trescientas obras, nos encontramos a un autor de comedias, sainetes, zarzuelas, dramas y tragedias grotescas principalmente donde destacan títulos como La señorita de Trévelez, Los caciques, El santo de la Isidra, La chica del gato, Don Quintín el amargao, El padre Pitillo, Es mi hombre, El señor Adrián, el primo y un extensísimo etcétera. Asimismo, Arniches publicó numerosos poemas, artículos o discursos muy celebrados en su tiempo. Su método de trabajo se basaba en una férrea disciplina que lo obligaba a escribir incansablemente a diario sin excepción y hasta el final de su vida.
Además de sus trabajos en solitario, colaboró y escribió con una extensa nómina de autores contemporáneos suyos entre los que sobresalen Enrique García Álvarez, Antonio Casero, Celso Lucio, Joaquín Abati, José López Silva, Antonio Paso y Cano o José Jackson Veyán.
Tal fue el impacto popular de la obra teatral de Arniches, que se llevó al cine y a la televisión en diversas ocasiones como en la película Don Quintín el amargao, de la que se realizaron hasta tres versiones, destacando la de Luis Buñuel en 1935, La chica del gato de la que también se rodaron tres películas o Calle Mayor que dirigió Juan Antonio Bardem en 1956 basándose en La señorita de Trévelez entre otras interesantes adaptaciones.
De su Alicante natal se trasladó con su familia a Cataluña para, finalmente, instalarse en Madrid donde a fuerza de tesón y constancia, se convertiría en uno de los más prestigiosos y acreditados autores del siglo XX. Precisamente en la capital, fue el gran observador de los barrios bajos, el casticismo y el habla madrileña, cuyo lenguaje popular reflejó, lógicamente exagerado y teatralizado, en buena parte de sus comedias costumbristas creando tipos inmortales inspirados en situaciones y personajes reales que él veía y escuchaba en las calles, tabernas y patios de vecindad con más solera de los Madriles.
Siempre con el humor por bandera, Arniches también utilizó muy hábilmente los recursos dramáticos para hacer crítica social, señalar los abusos de poder hacia los más desfavorecidos, denunciar la violencia contra las mujeres y, en definitiva, entender el teatro no solo como medio de entretenimiento sino como una poderosa herramienta moralizante y de reflexión sobre los errores y vicios que corrompen nuestra sociedad. Así definió el objetivo que el teatro tenía para él: «Divertirse y llevarse a casa una emoción y una enseñanza: eso debe ser el teatro. Reírse y que quede en un rinconcito de nuestro recuerdo una lección que sea provechosa y consoladora para nuestra vida».
En 1931 como homenaje a su figura y a su incuestionable labor, el Ayuntamiento de Madrid le dedicó una calle que todavía lleva su nombre y que antes se llamó calle del Peñón, enclavada a dos pasos del Rastro, uno de los más emblemáticos y castizos rincones por donde transitaban aquellos personajes que plasmó con tanto efecto en sus obras. El genial autor nos dejó en 1943 en su residencia madrileña de la calle Monte Esquinza a los 76 años.
El gran
legado
de Carlos
Arniches
sigue vivo
en
buena parte
gracias a la impagable y concienzuda labor de su bisnieto Joseba
Barrón-Arniches,
que a través de la página web www.arniches.com
continúa dando a conocer el universo de su familia
y principalmente de su más célebre antepasado, divulgando su pensamiento, ampliado y comentado en los
veintiséis
estudios y ensayos que hasta
la fecha
ha publicado sobre su obra y su figura. Mediante
esta iniciativa cataloga su producción en diferentes etapas
(moralizante,
histórica, rural, feminista…)
y
acerca a las nuevas generaciones las enseñanzas que se pueden
extraer de ella mediante un exhaustivo análisis de sus creaciones.

