Carlos Arévalo
Con la idea de plasmar mis impresiones más vivas del Madrid actual mirándolo con mi visión más personal, me dispongo a salir solo y sin rumbo por las calles, avenidas y rincones de la ciudad como un incansable flâneur para luego contarlo en estos artículos que pienso escribir regularmente. Con mi cuaderno de notas y toda la predisposición del mundo, comienzo a observar mi Madrid para todos los que quieran leerlo.
Madrid despliega su eterno encanto otoñal. Las primeras hojas amarillas comienzan a alfombrar el majestuoso Paseo del Prado. El rumor de las Cuatro Fuentes me parece un canto de sirena castizo y embriagador. Y me dejo envolver por ese entorno onírico y por el aroma floral del Jardín Botánico. Junto a la puerta de Goya del Museo del Prado, los pintores callejeros exhiben sus obras coloridas y alegres. Los autobuses turísticos dejan y recogen a cientos de visitantes que pasan por la ciudad pegados a sus teléfonos.
Al llegar a Neptuno se ven las primeras gradas engalanadas para el inminente desfile militar del 12 de octubre. A la derecha, la entrada del Hotel Ritz está tapada por carpas y furgonetas de lujo que dan servicio al rodaje que acaba de comenzar a las órdenes de Woody Allen. El norteamericano va a retratar nuestro otoño más cinematográfico como tantas veces lo hizo con su Quinta Avenida o su Central Park. Pasando Cibeles, desde el inicio del Paseo de Recoletos, nos da la bienvenida la Feria del Libro Antiguo. Una cita idónea para bibliófilos y simples curiosos. Más de treinta casetas albergan todo tipo de volúmenes entre los que se pueden encontrar a precio razonable -y no tanto- algunas primeras ediciones, tebeos, carteles, afiches o láminas originales.
Madrid siempre tiene planes para el gusto de todos. La tarde totalmente despejada y aún soleada ilumina mi recorrido. En las terrazas no se ve ni una mesa libre. Los gin-tonics se alternan con los cafés y nadie parece tener nada mejor que hacer. Lo urgente es disfrutar de la ciudad. Exprimir Madrid en sus últimos coletazos de ambiente casi veraniego.
