La deliciosa experiencia de saber cómo se proyectaban los sueños

El coleccionista Carlos Jiménez nos abre las puertas de su Museo del Cine, el único dedicado a la técnica analógica profesional

Carlos Arévalo

A menos de cincuenta kilómetros de la capital, concretamente en Villarejo de Salvanés, existe el Museo del Cine. Sí, un santuario para todos los amantes del Séptimo Arte y especialmente para los que quieran descubrir cómo se produjo el milagro de la imagen en movimiento. En lo que fue el Cine París de esta localidad madrileña que llegó a tener cinco cines a lo largo del tiempo, se halla un espacio tan maravilloso como imprescindible, autogestionado por su dueño Carlos Jiménez, que llegó a explotar 22 salas de cine en la región, entonces un pingüe negocio iniciado por su padre.


La paulatina y lamentable desaparición de los cines debido a razones que todos conocemos también se cebó con ellos. El último en cerrar fue precisamente éste y el dato es curioso: A la sesión inaugural en 1966 asistieron mil personas para ver la película Cuatro tíos de Texas (Robert Aldrich, 1963) y al último pase en 2004, solamente acudieron cuatro espectadores con Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004).


Repartidas a lo largo de 2.000 metros cuadrados, el visitante se va a encontrar con joyas desconocidas para el gran público cuya procedencia e historia nos explica su propietario con todo detalle, simpatía y con un vastísimo conocimiento de las complejas técnicas de proyección. La primera parte del recorrido que comienza en el vestíbulo, está dedicada a los orígenes, a aquellos rudimentarios inventos que antecedieron al cine tal y como lo conocemos. Así, se exhiben incontables aparatos como linternas mágicas, visores estereoscópicos, proyectores mudos y sonoros o cámaras de distintas épocas como una que se utilizó en el Mundial de España ‘82

Al subir a lo que fue el gallinero del cine donde se encuentra la segunda sala del museo, su creador dedica parte del hueco de la escalera a exponer, a modo de homenaje, los numerosos trofeos que ganó a lo largo de su trayectoria Mariano Díaz, ciclista profesional ya desaparecido y entrañable vecino de Villarejo de Salvanés, donde por cierto también nació doña Venancia Martínez, madre del premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente.

La segunda parte alberga una extraordinaria selección de cabinas de cine completas, una por cada década del siglo xx, desde los primeros cinematógrafos de los hermanos Lumière en 1897 hasta los últimos modelos analógicos. Como curiosidad, incluye un proyector doble procedente del El Pardo con el que Franco veía las películas y los NO-DO . Y como impecable cierre de esta visita, se accede al espacio del antiguo patio de butacas, presidido ahora por una inmensa estatua de casi cinco metros de altura del premio Oscar, que estuvo en su día en el teatro Kodak de Los Angeles. 

En esta gran sala se puede ver la evolución tecnológica del cinematógrafo a lo largo de 120 años en la que se muestran diversos accesorios de cada época: sistemas sonoros, planos, diapositivas, proyectores, tocadiscos, cámaras o un ejemplar de Cinecito la mascota de nuestro cine así como los carteles de las 70 películas españolas más premiadas en los Goya durante el último cuarto de siglo y una original colección de uniformes de acomodadores rescatados de salas de exhibición.

Por razones de espacio es imposible exponer el extenso inventario de valor incalculable de este coleccionista voraz que conserva más de 22.000 afiches y carteles, 250 cabinas de cine o unos 500 proyectores que ha ido adquiriendo en subastas y a particulares con inmensa paciencia a lo largo de toda una vida. Considerado el primer Museo del Cine Profesional y Tecnológico de España, abrió sus puertas en 2014 y sorprendentemente no cuenta con ninguna subvención, dato que deberían tener en cuenta las instituciones dedicadas a la Cultura.


Mientras nos despedimos de nuestro encantador anfitrión, a modo de nostálgica banda sonora, suena la evocadora melodía de aquella obra maestra que fue Candilejas (Charlie Chaplin, 1952). Carlos Jiménez que se crió en un cine desde los ocho años como el niño de Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) y es miembro de la academia cinematográfica, derrocha pasión por su oficio y por el mundo del celuloide y cuenta también con otro museo en la localidad almeriense de Tabernas, cuna del spaghetti western. Hombre polifacético e inquieto, en los setenta tocó la batería en el conjunto musical madrileño Los Géminis y condujo varias motos que conserva impecables en este lugar como una Montesa o una Ossa, ambas de fabricación nacional así como un par de enormes Cadillac americanos que son su debilidad. 


Ha publicado además, varios libros sobre la historia de la técnica cinematográfica y sus vivencias y también alquila su material para rodajes. Hasta la fecha algunos objetos de su museo han aparecido en destacadas películas como Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar, 2019) o Cerrar los ojos (Víctor Erice, 2023) y en series como Cuéntame cómo pasó o Acacias, 38 entre otras e incluso ha hecho algún cameo como figurante en producciones como Anatomía de un instante (Alberto Rodríguez, 2025). Actualmente prepara una película inspirada en su colección que esperamos poder disfrutar próximamente. 


Ningún cinéfilo y entusiasta de la cultura en general, debería de pasar por alto esta visita al Museo del Cine, donde aprenderemos cómo se fabricaban nuestros sueños y los de nuestros antepasados, que fueron aquellas películas proyectadas a lo largo de tantas décadas durante las cuales, el simple hecho de ir al cine, era un delicioso ritual.


El Museo del Cine Carlos Jiménez se encuentra en C/ Mayor, 49 Villarejo de Salvanés (Madrid). Más información y visitas guiadas en: https://museodelcine.com/contacta/

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