Martirio encandiló al público madrileño con su nuevo espectáculo musical Al sur del tango
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| Fotografía: J.J.Paul |
Carlos Arévalo
Dice Martirio que «la copla es la mujer y el tango su marido». De este modo nos presenta su nuevo espectáculo titulado Al sur del tango con el que actualmente recorre nuestra geografía. En él reinterpreta una acertada selección de clásicos cantados desde la bulería o desde la soleá por bulerías rindiendo así un cálido homenaje a la Argentina y, a su vez, recordando las raíces comunes y la unión fraternal y cultural que siempre ha existido entre España y aquel querido país: «Cuando nuestras folclóricas estaban actuando allá, la generación de mis padres escuchaban aquí tangos cantados por Gardel, Carlos Acuña o Libertad Lamarque».
La artista onubense hizo su aparición sobre las tablas del teatro de La Latina con un llamativo vestido verde de lentejuelas, una de sus enormes peinetas y sus eternas gafas de sol. La acompañaba un prodigioso trío formado por piano, bandoneón y violín que, en este orden, dominaban tres virtuosos instrumentistas: Jesús Lavilla, Marcelo Mercadante y Olvido Lanza.
Abrió el recital con una versión de Naranjo en flor para ir deshojando durante hora y media un aromático ramillete de tangos inmortales como Uno, Melodía de arrabal, En esta tarde gris o El día que me quieras que, según confesó, era el preferido de su madre. Mediante este repertorio romántico compuesto por autores imprescindibles como Santos Discépolo, Le Pera o Piazolla, nos trasladó a un evocador paseo por las calles y rincones con más sabor del viejo Buenos Aires, sin perder ni un ápice de su encantador acento ni de su personalísimo estilo.
Las manos de Martirio parecen dos palomas blancas que moldean el aire con incesante y cadencioso garbo. En algunos temas incorpora un voluminoso abanico que maneja con total sutileza haciendo además un derroche de gracia y salero, donde nunca falta su sentido del humor espontáneo y fresco.
Siempre con el arrojo, la originalidad y la libertad por bandera, María Isabel Quiñones (Huelva, 1954) que es quien que se oculta tras el personaje de Martirio, celebra precisamente cuarenta años de trayectoria como cantante solista tras haber formado parte previamente de históricos grupos como Jarcha o Veneno.
Anoche demostró conservar un dominio absoluto de la técnica vocal, exhibiendo con magistral destreza un torrente de voz que a su antojo convierte en susurro o embellece con ese quejío tan personal y que hace de sus directos algo único. El público entre el que se encontraban admiradoras incondicionales tocadas con coloridas peinetas, se emocionó especialmente con su deliciosa versión de Volver o de la siempre conmovedora Balada para un loco en la que aportó una dramatización propia de una primera actriz. Otro de los instantes mágicos de su actuación llegó con el hondo recuerdo que dedicó al inolvidable Alberto Cortez al cantar un fragmento a capella de Cuando un amigo se va.
Con el teatro en pie, Martirio quiso despedirse del público de Madrid recuperando La bien pagá y cerrando así este vibrante idilio musical entre tango y copla con esta emblemática pieza que, allá donde se cante, siempre hace aflorar la nostalgia, desencadenando un torrente de sentimientos encontrados.
El próximo concierto de Martirio tendrá lugar el 11 de junio en Cádiz. Más información sobre su gira en: https://www.cersamusic.com/
