«La cultura es la buena educación del entendimiento», Jacinto Benavente

El artista que supo ver más allá

Se cumple el centenario del pintor Cirilo Martínez Novillo



Carlos Arévalo

Año de centenarios artísticos importantes. Al siglo que cumplirían los cineastas Luis García Berlanga y Fernando Fernán Gómez, el actor Alberto Closas, la actriz Lola Gaos, la escritora Carmen Laforet o el decorador Gil Parrondo, hay que sumar el del pintor madrileño Cirilo Martínez Novillo (Madrid, 1921- ibid. 2008).

Francisco Umbral lo consideró «el más alto ejemplo español y actual de pintura-pintura (...), la pintura en su estado máximo, no primigenio sino de elaboración última». Y Gerardo Diego dijo que su obra era «el calor humano y la luz del misterio» y que, al contemplarla, «sentimos la necesidad de tocarla». Precisamente sobre esa enigmática dimensión en sus creaciones, el propio Martínez Novillo explicó en alguna ocasión que no le motivaba «una pintura de lo evidente» sino que su intención era «transmitir algo más que lo que puede ser representado a través de la simple reproducción. Me interesa el fantasma que hay detrás de la pantalla de lo visible, y que escapa a la mirada común».

Esa capacidad de ver más allá la desarrolló gracias al gran oficio adquirido durante décadas y a la desbordante pasión por su trabajo que demostró hasta el final de sus días. Se autodefinía como «pintor de gama» de manera que, en vez de jugar con los grandes contrastes de color, ponía un tono al lado de otro, de la misma familia, logrando así que unos fueran poco a poco saliendo de los anteriores. Fue discípulo del onubense Daniel Vázquez Díaz que a raíz de una de sus primeras exposiciones le escribió: «El gran progreso que esperaba no me sorprende porque, desde tus comienzos, vi al pintor». 

Durante la posguerra tuvo un acercamiento a la llamada segunda Escuela de Vallecas que encabezaba el pintor manchego Benjamín Palencia aunque finalmente se integró en la Escuela de Madrid, donde alcanzó un merecidísimo prestigio profesional en el Arte Contemporáneo. En aquel grupo generacional coincidió con compañeros como Pedro Bueno, Álvaro Delgado, Menchu Gal o Luis García Ochoa desarrollando su obra principalmente en figuras, `paisajes y bodegones. Como él mismo contaba, creaba en sus paisajes «una emoción, un clima y un placer estético» y encontraba en el bodegón «el atractivo grande de la cosa inmediata. Atrae porque tiene una faceta intimista». A lo largo de su existencia, el recordado maestro plástico cultivó con avidez el hábito de la lectura y la escritura y frecuentó reputadas tertulias intelectuales como la del Café Gijón o la del Lion d'Or. Becado en París por la Fundación Juan March, residió durante largas temporadas en la capital francesa donde completó su formación y perfeccionó su técnica.

Con su mirada privilegiada supo captar además multitud de fotografías de paisajes y gentes que conoció en sus largos viajes y que empleaba como parte de su proceso creativo. Cirilo Martínez Novillo fue distinguido en varias ocasiones con la medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes y con otros destacados galardones artísticos como el premio de pintura de la Bienal Hispanoamericana de La Habana o la medalla de oro de la Feria de Arte de Santander. Su obra recorrió las más célebres salas españolas así como del ámbito internacional, exponiendo en ciudades como París, Venecia, Lima, Santiago de Chile, Lisboa, Buenos Aires o Nueva York entre otras. 

Aunque siempre conviene tener presentes a nuestros ilustres maestros, en este caso de la pintura, no se debería pasar por alto el centenario de Martínez Novillo, cuya figura es, desde hace décadas, referente indiscutible en la historia del Arte Contemporáneo en España. El legado del artista -que cuenta con una calle en el barrio madrileño de Santa Eugenia- sigue vigente gracias al esfuerzo de su familia por mantener viva su huella y a que, afortunadamente, parte de su producción pictórica se puede admirar actualmente en prestigiosas pinacotecas españolas como el Museo Reina Sofía de Madrid, el Bellas Artes de Bilbao o el Provincial de Oviedo además de en otras colecciones públicas y privadas.