«La cultura es la buena educación del entendimiento», Jacinto Benavente

La dulce memoria de los sueños y el teatro

El elenco al completo de Un bar bajo la arena que puede verse hasta el 25 de noviembre en el teatro María Guerrero.
Carlos Arévalo
Fue la mítica actriz Margarita Xirgu la que dijo que «no soñar, no esperar, no creer en ninguna cosa...es como no existir». Y precisamente es algo mágico que pertenece al mundo de los sueños lo que permite que exista estos días en la sala pequeña del teatro María Guerrero, la legendaria cafetería que resistió hasta 1998 en ese mismo lugar. El montaje Un bar bajo la arena escrito por José Ramón Fernández y dirigido por Ernesto Caballero recrea fielmente aquel emblemático punto de encuentro y el espíritu de quienes lo frecuentaron.
Además de un bar con aire de club inglés -moqueta, barra acolchada de madera y sillones de cuero- que servía como rincón de asueto para los trabajadores del teatro, era una especie de lonja de contratación de actores que se dejaban caer por allí en busca de una oportunidad laboral como ocurría en el Dorín o en el Café Gijón. Unos llegaban deprisa y corriendo a tomar algo caracterizados de los personajes que estaban representando y enseguida volvían a escena por un pasillo secreto que comunicaba la cocina con el foso y, otros, iban simplemente a relacionarse con el mundillo. Autores, directores, técnicos, actores y espectadores eran la principal clientela de aquel fascinante espacio ya desaparecido y hoy resucitado en este montaje y en la memoria de los que lo vivieron. 
El montaje recrea la mítica cafetería del teatro prácticamente tal y como era.
Ahora que el Centro Dramático Nacional celebra el cuarenta aniversario de su creación, Un bar bajo la arena evoca -a ritmo de elegantes y delicadas notas de jazz- los tiempos dorados de la apodada en la profesión, «cafetería del Mari Guerri» cuando triunfaba el célebre bocata de queso con anchoas que pedían los incondicionales. Y también invoca a los fantasmas de inolvidables figuras de nuestra escena que se dejaron la piel en las tablas de esta catedral de la interpretación como José Bódalo, José María Rodero, Irene Gutiérrez Caba, Adolfo Marsillach, María Asquerino, Aurora Redondo...la piel e incluso la vida en el caso del malogrado Andrés Mejuto que falleció durante la época ques ensayaba en este teatro Las Comedias Bárbaras
Pero no sólo se recuerda a los que tristemente han ido desapareciendo sino a otros geniales cómicos vivos como Nuria Espert, Juan José Otegui, Mario Gas, Manuel de Blas o Berta Riaza por citar algunos. En cualquier caso, esta sublime obra teatral rinde un homenaje esperado y necesario a los grandes nombres de la escena española que durante buena parte del siglo XX deleitaron al público con su entrega y talento. Escribió Ramón Gómez de la Serna que «los recuerdos encogen como las camisetas» y para evitar que esto suceda es imprescindible conservar el valioso patrimonio de nuestra memoria como bien ha hecho el autor del libreto que a lo largo del mismo defiende que «el recuerdo es el cuarto donde guardamos aquello que no queremos perder». Así que antes de que el paso del tiempo las engulla, Un bar bajo la arena atesora para siempre buena parte de aquellas vivencias en forma de puro teatro y de recuerdos. Sueños y recuerdos.
Trece excelentes actores representan este montaje.
Durante toda la función, los espectadores -los de la primera fila llegan a sentarse en el escenario, en cómodos sillones como los que había antaño- se sumergen en el mundo onírico de aquella cafetería y, boquiabiertos, pierden la noción del tiempo, de la realidad y la ficción, viendo cómo se dan la mano personajes e intérpretes. Todo se mezcla para crear un ambiente de fábula que permite que escenas de piezas inmortales como Hamlet, El jardín de los cerezos, Eloísa está debajo de un almendro, Doña Rosita la soltera o Luces de Bohemia se fundan con la cotidianidad de lo que pasaba en aquel bar y de los actores que iban por allí a diario e incluso con personajes inacabados por la repentina muerte de sus creadores.
El reparto formado por trece actores es absolutamente excepcional. Todos ellos representan multitud de roles y cambian de registro con una pasmosa agilidad. El oficio, el magnetismo y la expresividad sobresaliente de Pepe Viyuela es seguido de manera magistral por sus también brillantes compañeros: Janfri Topera, Juan Carlos Talavera, Isabel Dimas, Ione Irazábal, Jorge Basanta, Luis Flor, Carmen Gutiérrez, Daniel Moreno, Julián Ortega, Francisco Pacheco, Raquel Salamanca y Maribel Vitar.

Un bar bajo la arena se puede ver en la sala La Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid (C/ Tamayo y Baus, 4) de martes a domingo a las 18 horas hasta el 25 de noviembre de 2018.