«La cultura es la buena educación del entendimiento», Jacinto Benavente

La difícil tarea de escapar de uno mismo

Pablo Chiapella protagoniza la versión teatral de Alguien voló sobre el nido del cuco en el teatro Fernán Gómez.
Carlos Arévalo
Un viejo refrán infantil americano reza: «Había tres gansos en la bandada. Uno voló hacia el este, otro voló hacia el oeste y otro voló sobre el nido del cuco». El significado tiene que ver con el destino de cada uno y así se incluye en la novela de Ken Kesey titulada Alguien voló sobre el nido del cuco. La historia cuya trama principal se desarrolla en un sanatorio mental fue adaptada al teatro por el dramaturgo Dale Wasserman y se estrenó en 1963 en Broadway con Kirk Douglas interpretando a Randle McMurphy, el rebelde protagonista. Años después, en 1975 llegaría a la gran pantalla con homónimo título en un recordado largometraje dirigido por Milos Forman y con Jack Nicholson en el papel principal.
Es ahora el director escénico Jaroslaw Bielski quien lleva las riendas de este ambicioso proyecto que se puede ver sobre las tablas del Fernán Gómez hasta el mes que viene. Quince actores capitaneados por el televisivo Pablo Chiapella en el rol de McMurphy -ya lo hizo en 2004 también a las órdenes de Bielski-, recrean el argumento de Alguien voló sobre el nido del cuco a lo largo de las casi tres horas que dura esta función en la que terminan exhaustos. 
Un acertado montaje escénico traslada al espectador al angustioso psiquiátrico entre frías paredes blancas y mortecinas luces de hospital, todo ello apoyado con la narración audiovisual que simula el pensamiento de Bromden, el extraño paciente indio. Todos los enfermos que allí se encuentran por voluntad propia están severamente aleccionados por la enfermera jefe Ratched que ejerce un férreo control sobre ellos. Cuando ingresa McMurphy, derivado desde una cárcel donde cumple condena por violación, se arma el gran revuelo.

La función, que cuenta con un extenso reparto, tiene una duración de tres horas, descanso incluido.
Antihéroe desobediente y provocador, pronto se erige en portavoz de los débiles y les abre los ojos mostrándoles una vida diferente a la que llevan. Les incita a hacer apuestas económicas, les enseña a jugar al baloncesto, les convence para cambiar el horario de televisión y poder ver la final de béisbol...con él, la revolución es posible. El problema es que cada uno parece marcado por su propio destino de manera que, como explicaban las teorías deterministas de Laplace, nada aleatorio podrá intervenir en lo que les espera. Fuera de ese ambiente supuestamente terapéutico, el texto sugiere la limitación de la libertad por parte de un poder único o «gran trituradora», una especie de sociedad alienada donde el individuo sólo obedece y, en caso contrario, es destruido o en este caso lobotomizado. 
Aunque no siempre se proyectan todas las voces con claridad, la preparación a conciencia, física y dramática, de los personajes queda patente en la actuación de los integrantes de esta versión, que logran hacer del escenario un verdadero manicomio desenfrenado y peligroso. Chiapella alias «Chape» repite en el papel y calca la risa medió diabólica de Nicholson aunque en algunos momentos cómicos se dejan entrever muecas y tonos del Amador de La que se avecina. Buen trabajo también el de sus compañeros Mona Martínez, Alejandro Tous, Niko Verona, Rodrigo Poisón, Fernando Tielve, Emilio Gómez, Manuel Tiedra, Manuel Teódulo, Ramón Valles, Carmen Ibeas, Javier Sáez, Chechu Moltó, Sergio Pozo e Iris Rico.

Alguien voló sobre el nido del cuco se puede ver en el Teatro Fernán Gómez de Madrid (Plaza de Colón s/n) hasta el 4 de noviembre de 2018.