«La cultura es la buena educación del entendimiento», Jacinto Benavente

El dulce recuerdo de Amalia Rodrigues en el día de su cumpleaños

Carlos Arévalo
Hoy 23 de julio de 2018, «la reina del fado» hubiera cumplido 98 años. Amália da Piedade Rebordao Rodrigues o simplemente Amalia Rodrigues fue una de las figuras más respetadas de la canción melódica a nivel internacional. Esta lisboeta de nacimiento, procedía de una humilde familia muy numerosa pues eran diez hermanos. Desde muy joven conoció el ambiente artístico pero no fue hasta 1945 cuando vio la luz su primer disco bajo el nombre de Perseguiçao. Amalia interpretó el fado como nadie y se convirtió en un icono de la música portuguesa.
Amalia Rodrigues, un icono universal del fado, sigue viva en sus discos y en las numerosas calles y rincones de Portugal que la recuerdan.
Llegó a actuar en prestigiosos escenarios de medio mundo como el Lincoln Center de Nueva York o el Olympia de París. Participó en numerosos programas de televisión y en varias películas entre las que destaca Abril en Portugal de 1955 en la que interpreta dos de los fados más conocidos del mundo como son Coimbra y Cançao do mar. Otros de los  temas que popularizó fueron Una casa portuguesa o Cheira a Lisboa.

Amalia inspiró a multitud de artistas.
Inmortalizada en la música
Amalia sedujo a todo aquel que la escuchó cantar porque derrochaba puro sentimiento en cada actuación y transmitía profundas emociones con cada nota que salía de su voz. La que fue la mejor embajadora del fado, impresionó al mismísimo Charles Aznavour que escribió para ella el tema Ay, mourir pour toi.  A lo largo de su carrera la diva lusa actuó junto a reconocidos artistas como Imperio Argentina o Julio Iglesias e inspiró a otros muchos en sus composiciones. Por ejemplo en 1993, Juan Pardo le dedicó la bonita canción Un fado…Amalia, incluida en su disco La niña y el mar. Su discografía oficial registra Ai chico, chico como el último trabajo que lanzó en vida. Murió en su tierra en octubre de 1999 a los 79 años de edad después de haberse dedicado a la música durante casi seis décadas. Está enterrada en Lisboa, en el Panteón Nacional de Portugal. El gobierno del país habilitó su casa como museo para todo aquel que quiera conocer de cerca la vida de este mito de la canción del siglo XX, que hoy soplaría 98 velas y lo haría entonando uno de sus bellos lamentos.